De dónde viene el Día de Muertos, y qué significa cada cosa de la ofrenda
No es una fiesta solo prehispánica ni solo católica. Es una mezcla de más de cinco siglos que siguió cambiando hasta hace diez años. Te explicamos de dónde sale lo que ponemos en el altar, y qué partes son leyenda.
Por Carpeta Abierta · · 14 min de lectura
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el año en que, según la tradición, un abad francés creó el Día de Fieles Difuntos
Foto: Pablo Ignacio Osorio Torres (CC BY-SA 4.0), vía Wikimedia Commons; en blanco y negro.
Esta noche, en millones de casas, alguien va a poner un vaso de agua, un platito de sal, una vela y una foto. Si le preguntas por qué, lo más probable es que te conteste «porque así se hace». Es una buena respuesta. Pero detrás de cada una de esas cosas hay una historia, y no siempre es la que nos contaron en la escuela.
La versión más repetida dice que el Día de Muertos es una fiesta prehispánica de miles de años que los españoles disfrazaron de católica. La historia real es más interesante: es el encuentro de dos maneras de recordar a los muertos, que se mezclaron durante la Colonia, se volvieron símbolo nacional en el siglo XX y se siguen transformando.
Los mexicas recordaban a sus muertos en agosto
Los mexicas tenían un calendario de 18 «meses» de 20 días, más cinco días sobrantes. Dos de esos meses llevaban a los muertos en el nombre: Miccailhuitontli, la fiesta menor, y Hueymiccailhuitl, la fiesta mayor. Según fray Diego Durán y el Códice Magliabechiano, la primera era para los niños muertos; Durán llama a la segunda la fiesta de los difuntos «grandes» (tesis de Rodolfo Cruz García, UNAM).
Lo que casi nadie dice es cuándo caían. No era en noviembre. El fraile Diego Durán, que escribió en el siglo XVI, lo dijo sin rodeos: «aunque esta fiesta caía por Agosto» (Durán, Historia de las Indias, t. II, citado en la tesis de Cruz García). El arqueólogo Víctor Joel Santos Ramírez, del INAH, las ubica entre agosto y septiembre (INAH, 20 oct 2023). La fecha exacta depende de cómo se convierta el calendario mexica al nuestro.
En esas fiestas se cortaba un árbol grande, se adornaba con papel y se le ponía encima una figura hecha con masa de amaranto, el tzoalli. Se bailaba alrededor y al final se comía la masa (Gaceta UNAM, 31 oct 2020).
Para los mexicas, el destino de una persona dependía sobre todo de cómo había muerto, no de cómo había vivido. Los guerreros y las mujeres que morían en el parto acompañaban al Sol. Los ahogados y los que morían por un rayo iban al Tlalocan. La mayoría iba al Mictlán, un lugar de nueve niveles gobernado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. El viaje se asociaba con un plazo de cuatro años (INAH, 30 oct 2023).
Las fechas vienen de Europa
El 1 de noviembre es el Día de Todos los Santos: hacia el año 835, el papa Gregorio IV extendió esa fiesta a toda la Iglesia. El 2 de noviembre, el Día de Fieles Difuntos, viene de Odilón, abad del monasterio de Cluny, en Francia. Hacia el año 998, según la fecha tradicional, ordenó que sus monasterios rezaran ese día por todos los muertos, y de ahí la costumbre pasó a toda la Iglesia (INAH, 20 oct 2023; Catholic Encyclopedia). Algunos historiadores creen que la orden de Odilón es de unos años después, hacia 1030.
Muchas costumbres que hoy nos parecen muy mexicanas ya existían en la Europa católica:
En España se horneaban panes y dulces con forma de hueso, que imitaban las reliquias de los santos, y se ponían en casa en la «mesa del santo».
En Inglaterra, desde la Edad Media, las familias con menos recursos iban de casa en casa pidiendo soul cakes, unos panecitos, a cambio de rezar por los muertos de la familia (English Heritage).
Algunos historiadores ven en esa costumbre un antecedente del trick-or-treat de Halloween. O sea: Halloween y el Día de Muertos son, en cierto modo, primos, con raíces en las mismas costumbres católicas medievales.
Cómo se juntaron
Los frailes llegaron con su calendario y los pueblos indígenas llegaron con sus costumbres. Entre 1535 y 1540, fray Toribio de Benavente, Motolinía, contó que el día de los Finados casi todos los pueblos indígenas daban ofrendas por sus difuntos: maíz, mantas, comida, pan, gallinas, cacao y cera.
La pista más interesante la dejó Durán. Vio que los indígenas hacían una ofrenda para los niños el 1 de noviembre y otra para los adultos el 2. Cuando les preguntó por qué, le dijeron que así se hacía antiguamente. Durán sospechó que habían movido su vieja fiesta de agosto a las fechas cristianas para seguir haciéndola sin problemas (tesis Cruz García, UNAM).
Otros cambios llegaron mucho después. Durante la Colonia se enterraba a la gente dentro de las iglesias y en sus atrios. La Corona intentó prohibirlo desde 1787, pero en México la costumbre siguió hasta mediados del siglo XIX: los panteones fuera de los templos empezaron a usarse en 1836 y en 1859 el gobierno secularizó los cementerios. Desde entonces se volvió costumbre ir a la tumba con comida y bebida (INAH, 20 oct 2023).
Los historiadores no se ponen de acuerdo
Este es el punto en el que conviene ser honestos: no hay una sola respuesta.
La historiadora Elsa Malvido, del INAH, sostenía que el origen es europeo, colonial y católico. Según ella, el énfasis en lo prehispánico se construyó en la época de Lázaro Cárdenas (Gaceta de Museos, INAH, 2011).
Santos Ramírez, también del INAH, escribió en 2023 que el Día de Muertos «no es de origen prehispánico» y que, «en sentido estricto», tampoco es producto de un sincretismo, sino una síntesis con base católica.
Doce días después, otro texto del mismo INAH la llamó sincretismo y dijo que la vuelta de las ánimas, el cempasúchil, el maíz y el copal son mesoamericanos (INAH, 1 nov 2023).
La UNESCO habla de una fusión de ritos prehispánicos y fiestas católicas, que une las creencias indígenas con la visión del mundo que trajeron los europeos en el siglo XVI.
Lo que sí es seguro es que la fiesta es una mezcla. Cuánto viene de cada lado sigue en discusión.
Lo que pusimos en la ofrenda, y por qué
En nuestro video, una nieta termina la ofrenda de su abuela y le va diciendo para qué es cada cosa. Esto es lo que se sabe de cada una.
Antes, una advertencia: casi todos estos significados vienen de la tradición oral y de textos de divulgación, incluidos los de dependencias como el INPI. Hay muy pocos documentos antiguos que expliquen qué significaba cada objeto. Por eso, cuando decimos «se dice que», lo decimos en serio.
El agua
Es para que las ánimas calmen la sed después de un viaje largo. Así lo explica el INPI, y es de las interpretaciones más parejas en todo el país.
La sal
Sirve para purificar. Según el mismo INPI, también evita que el cuerpo «se corrompa» en el viaje de ida y vuelta. En el video lo dijimos más sencillo: para que el viaje no le pese.
Las velas
La luz guía a las ánimas hacia la casa. En algunas comunidades se pone una vela por cada difunto, y cuatro velas en cruz marcan los puntos cardinales. Un dato que casi nadie sabe: las velas de cera llegaron con los europeos. Antes se usaban rajas de ocote (INPI).
El cempasúchil y el camino de pétalos
Su color y su olor marcan el camino de las ánimas. Por eso se riegan pétalos desde la calle hasta la puerta, o del panteón a la casa, como describe la UNESCO.
El nombre viene del náhuatl cempohualxóchitl: literalmente, «veinte flores» (cempohualli, veinte; xóchitl, flor), que también se lee como «muchas flores» (CONABIO). La palabra no habla de pétalos, aunque hasta la SADER la traduce como «flor de veinte pétalos». Y lo que parece una flor es en realidad un racimo de florecitas: en las variedades cultivadas reúne entre 200 y 400 (SADER, 31 oct 2025).
Es de las cosas más claramente nuestras de la ofrenda: es originaria de Mesoamérica y se ha registrado en 27 entidades del país, Sonora incluida (CONABIO).
El café y la comida favorita
Se pone lo que a la persona le gustaba en vida, para que lo disfrute cuando regrese. La UNESCO menciona expresamente que se preparan los platillos favoritos del difunto. Por eso no hay dos ofrendas iguales: en una hay mole, en otra un refresco, en otra un café con mucha azúcar.
El pan de muerto
La lectura más común es que las tiras son huesos y la bolita de en medio es el cráneo. Sobre su origen hay dos ideas serias:
La europea: en España se hacían panes de ánimas y panes con forma de hueso para Todos Santos. Malvido los relacionaba con las reliquias de los santos.
La prehispánica: en la fiesta de Miccailhuitontli se comía una figura de masa de amaranto, el tzoalli. El antropólogo Luis Alberto Vargas Guadarrama, de la UNAM, cree que los misioneros convirtieron esa fiesta en el Día de Muertos católico, y la Gaceta UNAM ve en el pan de muerto un eco de ella (Gaceta UNAM). Que el pan de trigo haya sustituido a esas figuras es una idea que circula mucho, pero no encontramos a un especialista que la sostenga con documentos.
Lo que no tiene ningún respaldo es la historia de que el pan nació de un sacrificio humano, con un corazón cubierto de amaranto. No encontramos ni una fuente académica que la sostenga.
La foto
Anuncia a quién está dedicada la ofrenda y a quién se espera. Es, por definición, de lo más nuevo del altar: la fotografía llegó en el siglo XIX. En los tapancos yaquis y mayos de Sonora las fotos se usan poco, aunque el INPI describe retratos colgados cerca del suelo, bajo el tapanco.
El papel picado
En el video dijimos que el papel picado está para que el aire avise que llegó la abuela. Es una imagen, y sale de una idea muy difundida: que el papel picado representa el aire, uno de los «cuatro elementos» de la ofrenda. Hasta un cuadernillo infantil del INAH la repite, con un «se dice». Pero hay que decirlo: no encontramos un estudio histórico o etnográfico que la documente. El INPI solo lo menciona como adorno.
Lo que sí se sabe es de dónde viene: su cuna es San Salvador Huixcolotla, en Puebla. Ahí el papel picado representa el 59 % de la industria manufacturera del municipio y es el ingreso principal de más del 80 % de las familias, según la Universidad Tecnológica de Tecamachalco (Gobierno de Puebla, 30 abr 2026).
El copal
El humo limpia el lugar de malos espíritus, para que el ánima entre sin peligro, y eleva las oraciones. Es de los elementos prehispánicos mejor documentados: el árbol se llamaba copalquáhuitl y la resina, copalli, y estaba en casi todas las ceremonias (Arqueología Mexicana). El incienso, en cambio, llegó con los españoles.
Los tamales de mamá
Esta no viene en ninguna lista de símbolos, y es a propósito. La ofrenda no es un examen con respuestas correctas: es lo que cada familia cocina, guarda y repite. Ese es el corazón de la tradición, y lo que la UNESCO reconoce: que la comunidad la mantiene viva a su manera.
Lo que parece antiguo y no lo es
9niveles tenía el Mictlán, el lugar de los muertos mexica. No hay registro antiguo de la ofrenda de siete pisos
El altar de siete niveles. Se dice que representa los niveles del Mictlán, pero el Mictlán tenía nueve (Arqueología Mexicana). No encontramos ningún registro de que el altar de siete pisos sea antiguo. El ISSSTE, que repite el significado de los siete niveles, aclara que la forma y el número cambian según el lugar, y la antropóloga María Angélica Galicia Gordillo, de la UNAM, dice que no hay una forma establecida (ADN40, 18 oct 2026).
El xoloitzcuintle. Según fray Bernardino de Sahagún, el perro que ayudaba al muerto a cruzar el río del inframundo tenía que ser de pelo bermejo, rojizo. Los blancos y los negros no pasaban: uno decía que ya se había lavado y el otro, que se había manchado. Sahagún no habla de razas. El xolo aparece en entierros antiguos, pero no era el único perro: lo que importaba era el color.
La Catrina. José Guadalupe Posada grabó una calavera con sombrero de plumas para burlarse de la gente que negaba su origen e imitaba la moda europea. Era solo un cráneo, sin cuerpo y sin nombre; hoy se le conoce como la Calavera Garbancera. El impreso más antiguo que se conserva es de 1913, cuando Posada llevaba unos nueve meses muerto (Vita Brevis, INAH, 2018). El cuerpo, el vestido y el nombre de «Catrina» se los dio Diego Rivera en 1947, en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central.
El desfile de la Ciudad de México. Empezó el 29 de octubre de 2016. Lo inspiró la escena inicial de Spectre, la película de James Bond de 2015, que mostraba un desfile de muertos que no existía (Grupo Animal, 25 oct 2024). El de este año, el décimo, reunió a 1.6 millones de personas, según el gobierno capitalino; en 2025 fueron 1.45 millones (Cultura CDMX, 31 oct 2026).
Un calendario fijo. Circula una lista que asigna un día a cada tipo de muerto: accidentes el 28, ahogados el 29, y así. No es universal. En Cruz Blanca, Veracruz, a quienes murieron de forma violenta se les recuerda el 18 de octubre, día de San Lucas. En Cuanajo, Michoacán, el 31 de octubre es para «los angelitos»: los niños y quienes murieron solteros antes de los 25 años (Secretaría de Cultura, 31 oct 2014).
Lo que reconoce la UNESCO. No es el desfile ni la Catrina. Lo que proclamó en 2003 e inscribió en 2008 se llama «Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos»: las fiestas tal como las practican las comunidades indígenas (UNESCO).
En Sonora, el altar está afuera
En el sur de Sonora, los yaquis tienen su propia forma de recibir a sus muertos. El INPI la llama Tolosanto, de «Todos Santos» (INPI).
No dura dos días, sino casi dos meses. El 1 de octubre se levanta el tapanco y se quita a finales de noviembre, cuando las ánimas regresan.
El altar no va dentro de la casa. El tapanco es una mesa alta de varas de batamote sobre postes de mezquite o álamo, al aire libre, frente a la casa.
Los nombres se leen en voz alta. El 1 y el 2 de noviembre, el maestro rezandero y las cantoras rezan casa por casa y leen los nombres de los difuntos de cada familia, anotados en un libro (José Luis Moctezuma Zamarrón, INAH Sonora, 2007).
Lo que se ofrece:wakabaki, que es un caldo de res con verduras, tortillas de harina, pinole, café, piloncillo, agua, sal y fruta. Se cree que las ánimas se alimentan del vapor de la comida, y después la familia la reparte.
Los mayos, o yoremes, también ponen tapanco, con una cruz debajo. En cambio, los comcaac, o seris, no tienen el Día de Muertos en su tradición. Los jesuitas intentaron convertirlos desde el siglo XVII sin cambiar su forma de ver el mundo, y la evangelización llegó hasta los años cincuenta del siglo XX, con misioneros protestantes. Es un buen recordatorio de que ni todos los pueblos indígenas celebran igual ni todos lo celebran.
Nuestra lectura
Que una tradición sea mezcla no la hace menos nuestra. Al contrario: el Día de Muertos sobrevivió justo porque supo cambiar. Tomó fechas de la Iglesia, flores y copal de Mesoamérica, panes de España, un nombre de un mural y, hace diez años, un desfile de una película. Y aun así, lo que se repite en cada casa es lo mismo: alguien prepara la comida favorita de quien ya no está y lo espera.
Esa parte no la inventó nadie. Es la que hace que, al día siguiente, la ofrenda se coma en familia.
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